Campamentos de verano: una experiencia de alto valor

Campamentos de verano: una experiencia de alto valor

Los campamentos de verano son de vital utilidad para los niños, adolescentes y jóvenes para su proceso vivencial, de crecimiento y maduración respectivos.

No se trata de un mero espacio de entretenimiento o un aparcadero de niños y niñas: aprender al aire libre, lejos de casa y junto a otros chicos y chicas de su edad, aumenta su capacidad de aprendizaje. Durante este tipo de estancias educativas se consiguen muchos de los objetivos pedagógicos que se complementan con los de la escuela o instituto. 

De hecho, un campamento es una alianza entre lo lúdico, la diversión, el juego y el proceso educativo. La implicación de los niños en este aprendizaje es mucho mayor que la que tienen en clase. Hablar en público, orientarse, protegerse de la lluvia o del frío, apañarse sin la ayuda de los padres, montar la tienda de campaña, lanzarse por una tirolina, usar el saco de dormir o saber de qué prescindir en la mochila son procesos de formación que tienen que ver con muchas de las áreas en las que se forman durante sus años escolares. 

En el campamento, educados y educadores se implican por igual. Pero, ¿cuáles son los motivos por los que los niños se comprometen y, a la vez, aprenden de la experiencia?

  • Existen normas y responsabilidades mayores que las que los niños asumen en casa.
  • No hay exámenes.
  • Participan en actividades inusuales para ellos. 
  • Se favorece el contacto y el intercambio entre los niños.
  • Se fomenta la creatividad. 
  • Se respeta y se potencia el hecho diferencial y la originalidad. 

Los monitores, el personal de servicio y los mismos niños participantes realizan una labor educativa muy importante, ya que todos ellos transmiten a los demás algún tipo de conocimiento o habilidad. Uno de los elementos más significativos que inciden en el gran potencial formativo de los campamentos es el monitor, jóvenes (y como tal, en proceso continuo de formación) con capacidad adquirida para potenciar los recursos educativos. 

Aunque cualquier edad, a partir de los cuatro años, es buena para que los niños vayan a los campamentos, los adolescentes son quienes sacarán más provecho.

¿Cuáles son los beneficios de los campamentos para los niños?:

Diversión: casi todo el mundo procura ocupar su tiempo libre con actividades que resulten entretenidas, recreativas, pero ante todo, divertidas. Buscar diversión no significa negarse a planteamientos serios ni eludir responsabilidades.

Acción: las actividades programadas en un campamento deben motivar o promover el movimiento. Los juegos, las rutas y los talleres consiguen que la mente y el cuerpo estén ocupados y potencian el movimiento, el ejercicio, la actividad física y la concentración. 

Aprendizaje: niños y adolescentes tienden al aprendizaje de técnicas y conceptos nuevos y buscan constantemente, experimentan, innovan y replantean sus ideas.

Convivencia: un campamento cuenta con actividades que tienen por objetivo potenciar el sentido de grupo, pero también momentos de libertad que permiten que los participantes se agrupen a su manera y nazcan posibilidades de profundizar en el conocimiento del otro. 

Respeto: los chicos que acuden por voluntad propia a unas colonias tienden a evitar el conflicto y a aportar al grupo según su personalidad, sin alterar los principios de los demás.

Alternativas: asistir a un campamento es también una forma de romper con la rutina, ya sea practicando deportes distintos a los habituales o realizando actividades fuera de lo normal.

Afirmación personal: este es un buen marco para que ganen seguridad en sí mismos, además de ser el ámbito ideal para que tengan la posibilidad de hacer aportaciones espontáneas pero también enriquecedoras para ellos mismos y la sociedad.

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